lunes, 8 de marzo de 2010

Las reivindicaciones feministas, por José Carlos Mariátegui

Laten en el Perú las primeras inquietudes feministas. Existen algunas células, algunos núcleos de feminismo. Los propugnadores del nacionalismo a ultranza pensarían probablemente: he ahí otra idea exotica, otra idea forastera que se injerta en la metalidad peruana.

Tranquilicemos un poco a esta gente aprensiva. No hay que ver en el feminismo una idea exotica, una idea extranjera. Hay que ver, simplemente, una idea humana. Una idea característica de una civilización, peculiar a una época. Y, por ende, una idea con derecho de ciudadanía en el Perú, como en cualquier otro segmento del mundo civilizado.

El feminismo no ha aparecido en el Perú artificial ni arbitrariamente. Ha aparecido como una consecuencia de las nuevas formas del trabajo intellectual y manual de la mujer. Las mujeres de real filiación feminista son las mujeres que trabajan, las mujeres que estudian. La idea feminista prospera entre las mujeres de oficio intelectual o de oficio manual: profesoras universitarias, obreras. Encuentra un ambiente propicio a su desarrollo en las aulas universitarias, que atraen cada vez más a las mujeres peruanas, y en los sindicatos obreros, en los cuales las mujeres de las fábricas se enrolan y organizan con los mismos derechos y los mismos deberes que los hombres. Aparte de este feminismo espontáneo y orgánico, que recluta sus adherents entre las diversas categorías del trabajo femenino, existe aquí, como en otras partes, un feminismo de diletantes un poco pedante y otro poco mundane. Las feministas de este rango convierten el feminismo en un simple ejercicio literario, en un mero deporte de moda.

Nadie debe sorprenderse de que todas las mujeres no se reunan en un movimiento feminista único. El feminismo tiene, necesariamente, varios colores, diversas tendencias. Se puede distinguir en el feminismo tres tendencies fundamentals, tres colores sustantivos: feminismo burgués, femininismo pequeño-burgués y feminismo proletario. Cada uno de estos feminismos formula sus reivindicaciones de una manera distinta. La mujer burguesa solidariza su feminismo con el interés de la clase conservadora. La mujer proletaria consustancia su feminismo con la fe de las multitudes revolucionarias en la sociedad futura. La lucha de clases –hecho histórico y no aserción teórica- se refleja en el plano feminista. Las mujeres, como los hombres, son reaccionarias, centristas o revolucionarias. No pueden, por consiguiente, combatir juntas la misma batalla. En el actual panorama humano, la clase diferencia a los individuos más que el sexo.

Pero esta pluralidad del feminismo no depende de la teoría en sí mismo. Depende. Más bien, de sus deformaciones practices. El feminismo, como idea pura, es esencialmente revolucionario. El pensamiento y la actitud de las mujeres que se sientan al mismo tiempo feministas y conservadoras carecen, por tanto, de íntima coherencia. El conservatismo trabaja por mantener la organización tradicional de la sociedad. Esa organización niega a la mujer los derechos que la mujer quiere adquirir. Las feministas de la burguesía aceptan todas las consecuencias del orden vigente, menos las que se oponen a las reividicaciones de la mujer. Sostienen tácitamente la tesis absurda de que la sola reforma que la sociedad necesita es la reforma feminista. La protesta de estas feministas contra el orden Viejo es demasiado exclusiva para ser válida.

Cierto que las raíces históricas del feminismo están en el espíritu liberal. La revolución francesa contuvo los primeros germens del movimiento feminista. Por primera vez se planteó entonces, en terminus precisos, la cuestión de la emancipación de la mujer. Babeuf, el leader de la conjuración de los iguales, fue un assertor de las reivindicaciones feministas. Babeuf arengaba así a sus amigos: “no impongáis silencio a este sexo que no merece que se le desdeñe. Realzad más bien la más bella porción de vosotros mismos. Si no contáis para nada a las mujeres en vuestra república, haréis de ellas pequeñas amantes de la monarquía. Su influencia sera tal que ellas la restaurarán. Si, por el contrario, las contáis para algo, haréis de ellas Cornelias y Lucrecias. Ellas os darán Brutos, Gracos y Scevolas.” Polemizando con los anti-feministas, Babeuf hablaba de “este sexo que la tiranía de los hombres ha querido siempre anonadar, de este sexo que no ha sido inútil jamás en las revoluciones”. Mas la revolución francesa no quiso acordar a las mujeres la igualdad y la libertad propugnadas por estas voces jacobinas o igualitarias. Los Derechos del Hombre, como una vez he escrito, podían haberse llamado, más bien Derechos del Varón. La democracia burguesa ha sido una democracia exclusivamente masculina.

Nacido de la matriz liberal, el feminismo no ha podido ser actuado durante el proceso capitalista. Es ahora, cuando la trayectoria histórica de la democracia llega a su fin, que la mujer adquiere los derechos politicos y jurídicos del varón. Y es la revolución rusa la que ha concedido explícita y categóricamente a la mujer la igualdad y la libertad que hace más de un siglo reclamaban en vano de la revolución francesa Babeuf y los igualitarios.

Mas si la democracia burguesa no ha realizado el feminismo, ha creado involuntariamente las condiciones y las premises morales y materials de su realización. La ha valorizado como elemento productor, como factor económico, al hacer de su trabajo un uso cada día más extenso y más intenso. El trabajo muda radicalmente la metalidad y el espíritu femeninos. La mujer adquiere, en virtud del trabajo, una nueva noción de sí misma. Antiguamente, la sociedad destinaba a la mujer al matrimonio o a la barraganía. Presentemente, la destina, ante todo, al trabajo. Este hecho ha cambiado y ha elevado la posición de la mujer en la vida. Los que impugnan el feminismo y sus progresos con argumentos sentimentales o tradicionalistas pretenden que la mujer debe ser educada sólo para el hogar. Pero, prácticamente, esto quiere decir que la mujer debe ser educada sólo para funciones de hembra y de madre. La defensa de la poesía del hogar es, en realidad, una defensa de la servidumbre de la mujer. En vez de ennoblecer y dignificar el rol de la mujer, lo disminuye y lo rebaja. La mujer es algo más que una madre y que una hembra, así como el hombre es algo más que un macho.

El tipo de mujer que produzca una civilización nueva tiene que ser sustancialmente distinto del que ha formado la civilización que ahora declina. En un artículo sobre la mujer y la política, he examinado así algunos aspectos de este tema: “a los trovadores y a los enamorados de la frivolidad femenina no les falta razón para inquietarse. El tipo de mujer creado por un siglo de refinamiento capitalista está condenado a la decadencia y al tramonto. Un literato italiano, Pitigrillo, clasifica a este tipo de mujer contemporánea como un tipo de mamífero de lujo.

“Y bien, este mamífero de lujo se irá agotando poco a poco. A medida que el sistema colectivista reemplace al sistema individualista, decaerán el lujo y la elegancia femininas. La humanidad perderá algunos mamíferos de lujo; pero ganará muchas mujeres. Los trajes de la mujer del futuro serán menos caros y suntuosos; pero la condición de esa mujer sera más digna. Y el eje de la vida femenina se desplazará de lo individual a lo social. La moda no consistirá ya en la imitación de una moderna Mme. Pompadour ataviada por Paquín. Consistirá, acaso, en la imitación de una Mme. Kollontay. Una mujer, en suma, costará menos, pero valdrá más.

El tema es muy vasto. Este breve artículo intenta únicamente constatar el carácter de las primeras manifestaciones del feminismo en el Perú y ensayar una interpretación muy sumaria y rápida de fisonomía y del espíritu del movimiento feminista mundial. A este movimiento no deben ni pueden sentirse extraños ni indiferentes los hombres sensibles a las grandes emociones de la época. La cuestión femenina es una parte de la cuestión humana. El feminismo me parece, además, un tema más interesante e histórico que la peluca. Mientras el feminismo es la categoría, la peluca es la anécdota.

Escrito: Redactado por José Carlos Mariátegui en 1924.
Publicado por vez primera: Mundial, 19 de diciembre de 1924, Lima - Perú. (Aparece en el tomo14, Temas de educación, de la colección "Obras Completas de J. C. Mariategui" de Biblioteca Amauta.)
Preparado para el Internet: Marxists Internet Archive, marzo de 2008.

lunes, 15 de febrero de 2010

¡NO AL AUMENTO DEL BOLETO!

Este martes 16 de febrero, en el Consejo deliberante de nuestra ciudad Capital, se va a intentar concretar un nuevo despojo a nuestros ya castigados bolsillos. Allí se va a tratar de formalizar un nuevo aumento a las tarifas de los servicios de transporte público; en una primera medida confirmar el aumento implementado el pasado enero, que dejaba a $1,50 el precio del boleto y en segundo lugar, subir la tarifa a $1,80 o $2.00, de acuerdo a los deseos de los empresarios del sector.

Fundamentamos esta postura no por un simple capricho, sino porque reivindicamos el carácter social de este servicio público, y que al estar subvencionado por el Estado su tarifa debe ser accesible al bolsillo de los sectores populares y no representar el interés económico del empresariado. Es decir, debe ser un servicio público y social y no una mercancía.

Consideramos que un aumento de ese calibre en las tarifas va a debilitar la economía de muchas familias santiagueñas: de estudiantes que consumen el servicio para asistir a clases dos o más veces por día, así también los trabajadores, la gente que vive en los barrios alejados del centro de la ciudad, que cuentan con una sola línea de colectivos como único medio de transporte para llegar a sus trabajos, enviar a sus hijos a la escuela, a la universidad, y para moverse en general. Entendemos que en estos tiempos difíciles un aumento así desestabiliza la economía de los sectores más populares y vulnerables de la sociedad, en la provincia con los sueldos más bajos del país.

Donde también se sufre la inacción de un gobierno provincial indiferente e insensible a las necesidades del pueblo, donde los trabajadores de la salud enfrentan un presente turbio, explotados, perseguidos políticamente, donde la solidaridad es agraviada bajo el insulto de “politiquería”; y con sus voces y la movilización como únicas herramientas liberadoras disponibles para velar por la salud de Santiago del Estero. Por modificar un sistema de salud deficiente, donde los insumos, la infraestructura, los sueldos de los enfermeros, mucamas, instrumentistas y médicos que dedican su vida a salvar la nuestra (la de todos los santiagueños que acudimos al hospital regional) parecen no importarle a los gobernantes y grandes grupos económicos dominantes.

No dejemos que nos sigan pisando, salgamos a la calle, hagámonos oír:

¡Marchemos contra el aumento del boleto!
¡Contra el vaciamiento y la quiebra del sistema de salud pública!
¡Contra los medios de comunicación cómplices del silencio conveniente para unos pocos!


Agrupación La Mariátegui – UNSE

miércoles, 3 de febrero de 2010

ACOMPAÑANDO LA LUCHA DE LOS TRABAJADORES DE LA SALUD

“Los problemas de la Medicina como rama del Estado, no pueden resolverse si la política sanitaria no está respaldada por una política social. Del mismo modo que no puede haber una política social sin una economía organizada en beneficio de la mayoría.” Dr. Ramón Carrillo.

Como estudiantes universitarios comprometidos con las necesidades del pueblo, manifestamos nuestra adhesión a la lucha emprendida por los trabajadores autoconvocados de la salud. Denunciamos también el colapso de la salud pública y la inoperancia del gobierno provincial que no da respuestas positivas a los reclamos de los trabajadores del sector.

Un párrafo aparte merece el silencio cómplice de la prensa socia de este gobierno que no ha colocado una sola línea del conflicto, ni una mínima imagen; la maniobra de no decir nada ubica a estos empresarios en el lugar que les corresponde: EL DE ALCAHUETES Y MENTIROSOS.

Concientes que un pueblo que no tiene salud, ni educación, ni trabajo digno, nos hacemos cargo de la más ilustre tradición universitaria que usa sus herramientas para denunciar la injusticia. Una sociedad injusta necesita de puntos de referencia, conocer su realidad y la realidad de los otros, confrontar hechos, situaciones, resultados. La ignorancia es sumisa. Eso lo saben los dominadores. Por eso alzamos nuestra voz.

REINCORPORACION A LOS CESANTEADOS

BASTA DE REPRESION

SALARIOS DIGNOS PARA LOS TRABAJADORES DE LA SALUD

AUMENTO DEL PRESUPUESTO YA.




AGRUPACION LA MARIATEGUI